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Con el fallecimiento de Jean Aicardi (3 Agosto 2015), se puede decir que se cierra la fructífera etapa clínica de la neuropediatría a la que él mismo había contribuido, como el indiscutible maestro que fue, a desarrollar. Además de ser un clínico incansable será asimismo recordado como el lúcido maestro de más de un centenar de neuropediatras repartidos por todo el mundo. Su capacidad para sintetizar sus finas observaciones le permitieron descubrir y definir un buen número de enfermedades neurológicas de los niños entre las que destacan los síndromes de Aicardi en 1969; de Aicardi-Goutières en 1984; de Rett (junto a Bengt Hagberg); hemiplejia alternante del niño y concretamente en el campo de la neonatología la encefalopatía mioclónica neonatal.

Jean Aicardi había nacido el 8 de Noviembre de 1926 en Rambuillet, una pequeña población a pocos kilómetros de Paris Jean realizó sus estudios médicos en Paris. ‘Desde que inicié mis estudios de medicina decidí que la pediatría sería mi especialidad’. Afortunadamente en su periodo como ‘externo’ del Profesor Raymond Garcin en el Hospital de la Salpetriere descubrió asimismo su interés por la neurología clínica, de tal manera que al alcanzar el puesto de ‘interno’ en la unidad del Profesor Stephane Thieffry en el Hopital des Enfants Malades (donde se atendían niños con trastornos neurológicos), se cumplió su deseo de conjugar neurología y pediatría una ambición que llenaría su vida profesional.

En los años 1955-1956 estuvo becado en Boston’s Children Hospital trabajando con los Dres Byers, Lombroso y Erba. Esta estancia fue, como confiesa ‘excitante’ y de vuelta a Paris resolvió mantener, lo que fue una constante a lo largo de su vida, los contactos con los colegas angloamericanos así como introducir en Francia la ‘libre atmosfera’ científica vivida en los Estados Unidos.

Al regresar a Francia se reintegró al servicio del prof. Thieffry, y con él, emigró al de Saint Vincent de Paul, donde el nombramiento de Maître de Recherche del Institut national de la Santé et de la Recherche Médicale (INSERM) (1969-1986) y luego Directeur de Recherche INSERM, (1986-1991), alivió sus dificultades económicas.

El rígido sistema francés lo penalizó, al menos, en dos ocasiones. Le impidió alcanzar el grado de profesor lo que le obligó a regresar al servicio del Profesor Saudubray en Enfats Malades donde nunca se encontró cómodo. Por otra parte, el plan de jubilaciones le echó a los 65 años y en la plenitud de sus capacidades, del Hospital de Enfants Malades lo que rápidamente aprovecharon los ingleses para llevarselo a Londres y nombrarle Honorary Professor en el Institute for Child Health y contratarlo para trabajar de 1991 a 1997 como consultor en el Hospital for Sick Children Great Ormond Street de Londres.

Su aportación a la neuropediatría es extraordinaria. En el área de la epilepsia infantil contribuyó decididamente en la introducción de nuevos conceptos tales como los de ‘síndromes epilépticos’ y ‘epilepsias benignas’ así como la identificación de epilepsias neonatales o el tratamiento de síndrome de West. Las tres ediciones de su tratado Epilepsy in Children reflejan su excelente acogida. Otras tres ediciones han vivido su enciclopédico volumen Diseases of the nervous system in children cuya 4a edición va a salir con el titulo Aicardi’s Diseases of the Nervous System in Childhood by Arzimanoglou, Ouvrier, Johnston and O’Hare. Con él publicamos en 2001 Movements disorders in childhood (McKeith Press).

Invitado a dar conferencias por todo el mundo recibió prestigiosos premios internacionales tales como el Hower Award of the Child Neurology Society en 1986, el Epilepsy Research Award de la American Epilepsy Society in 1995 y el Life Achievement Award de la International League Against Epilepsy en 2009. Mantuvo una estrecha relación con los neuropediatras españoles. Especialmente vinculado con el Servicio de Neuropediatria del Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona aceptó en tres ocasiones ejercer durante un mes como Jefe Honorario del Servicio lo que equivalía a que todo el staff con sus pacientes vivieran una experiencia única. Hablaba correctamente el español, que aprendió para poder leer el Quijote.

Persona clarividente, discreto, con exquisito sentido del humor, riguroso en sus juicios, trabajador infatigable, en el trasfondo de su actividad científica tuvo siempre la búsqueda del bienestar de sus pequeños pacientes.

La lucidez y fuerza de su pensamiento, en esta era de prepotente tecnología, refuerza la importancia de la fina observación y captura de los signos y síntomas clínicos y valora que su correcta interpretación sigue siendo esencial todo lo cual se sintetiza en sus propias palabras: ‘La revolución técnica en curso … ha impactado fuertemente en la neurología… Esta revolución ha, desde luego, aumentado tremendamente nuestra posibilidades diagnósticas… Aún así, la clínica sigue siendo fundamental en la neurología pediátrica’.

 

Conocí a Jean durante mi estancia en el Hospital Saint Vincent de Paul. Desde entonces he tenido la suerte de disfrutar de su amistad. Le gustaba pasar algunas semanas en mi casa en la minúscula aldea de Castañosin (Lugo). En Noviembre 2014 celebramos en su domicilio, en Paris, junto a Alexis Arzimanoglou y Jaume Campistol, su último aniversario. Su esposa, Jeanne, ya había fallecido. Vivía solo. Fue también nuestro último encuentro. Descanse en paz.

Emilio Fernández Alvarez

 

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