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A partir de la implantación del CPAP diseñado por Gregory en 1971 y la adaptación e innovación de la tecnología para la ventilación asistida a los recién nacidos, se inició un espectacular incremento de la supervivencia entre aquellos que presentaban graves problemas de insuficiencia respiratoria, los prematuros. Los múltiples avances hicieron creer a los neonatólogos que eran capaces de superar todos los problemas y se volcaron en las atenciones a la población de prematuros extremos. ¿Y qué sucedió con los “menos prematuros”, los mal llamados casi a término (near term)?

Se fueron “olvidando”, a pesar de ser los precedentes en el camino emprendido. Este grupo de niños representa el 70% del total de prematuros y son los principales responsables del incremento de la prematuridad en las dos últimas décadas1. Nacidos entre las 34+0 y 36+6 semanas de gestación, desde 2006 se les denomina  prematuros tardíos2 y han sido reconocidos, por fin, como una población con mayor riesgo de morbimortalidad neonatal comparados con los nacidos a término. Por su inmadurez, además de problemas respiratorios tienen un mayor riesgo de presentar al nacer inestabilidad térmica, dificultades en la alimentación, pérdida excesiva de peso y deshidratación, sepsis, hipoglucemia e ictericia que requiere fototerapia, siendo el riesgo de mortalidad neonatal tres veces superior3.

En esta última década son más de 500 las publicaciones referenciadas a esta población, lo que evidencia la problemática surgida de la observación de estos prematuros con múltiples incógnitas a resolver, especialmente en su porvenir a largo plazo4.  Los estudios publicados han demostrado el riesgo potencial de presentar mayor número de secuelas en su desarrollo neurológico5,6, inversamente proporcional a su edad gestacional. Es evidente que el riesgo es menor que en los grandes prematuros, pero es superior al que presentan los nacidos a término. No existían protocolos de atención al prematuro tardío en el período neonatal, y todavía menos recomendaciones para su seguimiento postnatal. Esta población está controlada posteriormente, en su inmensa mayoría, por el pediatra de atención primaria o, en determinados ámbitos, por el médico de familia, que no cuentan con guías clínicas que alerten de sus riesgos específicos, lo que explicaría la escasa tasa de detección precoz de anomalías en su desarrollo y descubiertas, la mayoría, cerca o en la edad escolar.

Publicaciones en las revistas pediátricas de mayor impacto destacan el riesgo de dificultades en su desarrollo neurológico, con trastornos en la comunicación, aprendizaje y conducta, e incluso trastornos psiquiátricos en la edad adulta1. Faltan estudios que identifiquen, aquellos con mayor riesgo así como evaluar el impacto de los programas de intervención, si los hubiera, cuyos beneficios se han demostrado en los prematuros extremos. Se están realizado estudios basados en el seguimiento del prematuro tardío, con el objetivo de explorar métodos útiles para el diagnóstico precoz de riesgo de déficit del desarrollo y, a su vez, facilitar la selección de aquellos, dentro de esta numerosa población, con mayor riesgo. Los pediatras de atención primaria suelen tener dificultades para aplicar técnicas sofisticadas que requieren tiempo y especialización para su implementación. Es por ello que la investigación clínica persigue el objetivo de validar cuestionarios de cribado que posean el mayor nivel de sensibilidad y especificidad para proporcionarles una herramienta valiosa para la detección precoz de riesgo de dificultades en el desarrollo6,7.

Para disminuir la tasa de prematuros tardíos los obstetras deben conocer los riesgos que comporta interrumpir la gestación aunque sea cerca de término, e intentar evitar los partos prematuros sin una indicación médica plenamente justificada. Es por ello que se ha propuesto revisar los protocolos de actuación obstétrica frente a algunas patologías maternas o acontecimientos durante el parto que no disponen de suficiente evidencia para justificar la finalización de la gestación, pero sin correr riesgos de incrementar la mortalidad materno-infantil9. Y alertar a los pediatras de la importancia de un atento cuidado neonatal y seguimiento postnatal para esta población. En conclusión, no banalizar el hecho de nacer poco antes de término como garantía de ausencia de riesgo.

En 2011, la Sociedad Española de Neonatología (SENeo) creó el grupo de trabajo SEN34-36/ACUNA que tiene como objetivo disponer de una base de datos perinatales de esta población y un programa de seguimiento uniforme hasta los 6 años. En él participan activamente 45 hospitales españoles, de todos los niveles asistenciales, actualmente con datos de más de 10.000 prematuros tardíos registrados. La página web permite acceder a los pediatras interesados para su uso en el seguimiento integral de estos niños. El objetivo principal es aportar datos sobre esta población a fin de conocerla y poder proporcionar recomendaciones con objeto de disminuir su incidencia, destacar los riesgos potenciales y mejorar su evolución.

Xavier Demestre

Pediatra - Neonatólogo

 

  1. Rose R, Engle WA. Optimizing care and outcomes for late preterm neonates. Curr Treat Options Peds. 2017 DOI 10.1007/s40746-017-0074-z
  2. T. Raju,R.D. Higgins, A.R. Stark, K.J. Leveno, Optmimizing care and outcome for late-preterm (near-term) infants: a summary of the workshop sponsored by the National Institute of Child Health and Human Development, Pediatrics 118 (2006) 1207-14.
  3. X. Demestre-Guasch, F.Raspall, S. Martínez-Nadal, C.Vila, M.J. Elizari, P. Sala. Prematuros tardíos: Una población de riesgo infravalorada. An Pediatr (Barc) 2009;71:291-8.
  4. Raju TNK. The “Late Preterm” Birth—Ten Years Later. Pediatrics. 2017;139(3):e20163331.
  5. L. Schonhaut, M. Pérez, S. Muñoz, Association between neonatal morbidity, gestational age and developmental delays in moderate to late preterm children, Rev Chil Pediatr 86 (2015) 415-25.
  6. X. Demestre, L. Schonhaut, J. Morillas, S. Martínez-Nadal, C. Vila, F. Raspall, P. Sala. Riesgo de déficits en el desarrollo en los prematuros tardíos: evaluación a los 48 meses mediante Ages & Stages Questionnaires®. An Pediatr (Barc) 2016;84: 39-45.
  7. C. Flamant, B. Branger, S.N. The Tich, E. de la Rochebrochard, C. Savagner, I. Berlie, J.C. Rozé, Parent-completed developmental screening in premature children: A valid tool for follow-up programs, PLoS One 6, 2011:e20004.
  8. L. Schonhaut, I. Armijo, M. Pérez, Gestational Age and Developmental Risk in Moderately and Late Preterm and Early Term Infants, Pediatrics, 2015;135:e835-41.
  9. Gyamfi-Bannerman C. Late preterm birth: management dilemmas. Obstet Gynecol Clin North Am. 2012 Mar;39(1):35-45.

 

 

 

 

 

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